jueves, 7 de abril de 2011

Almas Gemelas I


La llegada - Parte 1

Italia. Extrañaría aquel país. Me parecía una absoluta ridiculez tener que volver al lugar de donde había escapado tres años atrás. Definitivamente todo había cambiado, mis amigos podrían haberse casado ya, o talvez se mudaron. Y yo nunca me habría enterado de nada pues había perdido todo tipo de contacto con ellos. Justo en mis mejores semanas, mi jefe decide mandarme de vuelta a Nueva York por que según él, al ser jefa de redacción, tenía que dar el ejemplo. “No existen victorias sin sacrificio”. Menuda soga me estaba poniendo al cuello, y yo ni siquiera estaba preparada para volver a ver a nadie de los que había dejado atrás.
Durante mucho tiempo me convencí de que ya lo había superado, pero ahora que me ponía a pensarlo no estaba del todo segura. ¿Qué pasaría si reaccionaba mal? Sería un bochorno.
Afortunadamente, y gracias a la revista para la que trabajaba (una de las más prestigiosas en Italia), conseguí el mejor piso de la ciudad. Era bastante cómodo y acogedor. Constaba de una amplia habitación en el primer piso, que incluía: la cocina, una pequeña mesa para el comedor, unos cuantos muebles en la sala y varios estantes de madera pegados a la pared. En ellos coloqué algunas de mis pertenencias: una cámara de fotos (fue la primera que utilicé para conseguir trabajo en la revista, parecía mentira cuánto había evolucionado laboralmente desde entonces), un reproductor de CD y revistas (los últimos cuatro números de “Stile”, mi pasión).
Dejé las maletas tiradas en uno de los muebles y corrí por la escalera de caracol al segundo piso, me interné en el baño un buen rato para relajarme en la tina y, poco después, me encontraba estiradísima en la cama. Estaba muerta del cansancio.


No me había dado cuenta de que había amanecido hasta que el teléfono empezó a timbrar con tanta fuerza que, del susto, me caí de la cama golpeándome la cabeza en la mesita de luz que se encontraba a la izquierda. Me incorporé como pude, avergonzándome sin razón, y abrí las cortinas para encontrarme con una mañana bastante soleada. Caí en la cuenta de que no era Italia donde me encontraba. Tenía la esperanza que el viaje en avión del día anterior y mi jefe diciéndome lo que tenía que hacer, no había sido mas que una pesadilla. Mientras tanto, el teléfono seguía sonando. Me apresuré hacía él con el cuerpo totalmente pesado y tomé la bocina para contestar:
 - Buon giorno –me reí de mi misma mientras ahogaba un enorme bostezo, parecía que mi mente se encontraba en Italia todavía.
- ¿Srta. Worthington? –preguntó una voz masculina al otro lado del teléfono, parecía apurado.
- Llámame Nina –otro bostezo.
- Soy Neil, tu fotógrafo. ¿No íbamos a ver a un cliente?
¡Lo había olvidado! Un cliente, y ni siquiera me habían dicho el nombre como para yo poder manejarme con más facilidad. Bonita manera de empezar mi primer día como “hija pródiga”.
- Lo siento, lo siento, lo siento -tonta, ya te escuchó la primera vez.- ¿Dónde estás?
- No sé. En la terraza de una cafetería… En el parque –trataba de adivinar donde era que se encontraba con las pocas pistas que me daba- Y hay patos …
- ¡Central Café! –era el único lugar con terraza y patos al mismo tiempo, definitivamente me encontraba en Nueva York.- Voy allá.
No me tomó mucho tiempo bañarme, vestirme, tomar mi bolso y salir corriendo al encuentro de mi fotógrafo. Sólo esperaba que el chico fuese una persona que perdona fácilmente. De otro modo, ya habríamos empezado en el pie izquierdo. Mi día no podía ir peor.

El parque en el que lo encontraría era bastante grande, pero gracias al cielo que sabía hacia donde dirigirme con exactitud. ¿Siempre ha sido tan colorido?. Demasiado verde, prefería el gris.
En una de las mesas de la terraza, se encontraba un joven bastante bien parecido con una camisa a cuadros y unos jeans azules. Tenía en las manos una cámara de fotos, parecía estar revisándola; supuse que era él a quien tenía que ver.
- ¿Neil? Lo siento – me disculpé una vez más cuando estuve por fin frente a él. Sus ojos amarronados me miraron con curiosidad y traté de sonreírle para parecer amable. Aunque, por cómo me miraba, debía de haberle dado un sopapo. ¿Desde cuándo se mira así a la gente?- ¿Puedo echarle la culpa al desfase horario? –él me dedicó una sonrisa y, entonces, mi respiración se fue acompasando. No había peligro.
No pasa nada.-se había puesto de pie. Además de apuesto, caballero.- ¿Nos sentamos?
Asentí y corrí una de las sillas para estar frente a frente. Parecía un chico bastante sencillo, no era el tipo de gente que solía frecuentar tres años atrás. Y tampoco parecía que le gustaran los niñitos de “la clase alta”.
- ¿Treinta dólares por una hamburguesa? Ni que llevase carne de algún animal en peligro de extinción. –se quejó. Aparentemente ya había estado averiguando precios para el desayuno.
- No eres de Nueva York, ¿verdad? –me aventuré a preguntarle.
- No –se encogió de hombros- pero Chicago también es bastante grande.
Asi que era nuevo en la ciudad. Hasta podría sentirme identificada, de no ser por que yo había vivido aquí hasta que decidí huír.
- ¿Y tú? –me preguntó mirándome nuevamente con esos ojos curiosos.
- Soy de aquí. Pero todo me resulta bastante nuevo.
- Sí. Sé de que me hablas –me sonrió y casi al instante su expresión cambió por una de recelo e intriga- Un momento. No eres de esas niñas de colegio privado y armarios llenos de ropa de diseñadores, ¿verdad?
Le miré sorprendida. ¿Acaso había hurgado en mi casa y había descubierto el modo en que vivía antes? Di un suspiro.
- Lo era –admití- pero acabo de volver de Italia. He pasado los tres últimos años allí, así que ya ni sé quién soy –me mordí el labio.
- Uhm…-pareció pensar con cuidado su respuesta- Bueno, apenas te conozco, pero diría que eres bastante simpática –y entonces, nuevamente su sonrisa inocente.- Aunque, después de tres años, tendrías que estar feliz de volver a ver a tu familia y a tus amigos. Y … ¿A tu novio?
- Ex – le corregí rápidamente.
Lance. Mi subconsciente aún lo recordaba, pero trataba de no hacerlo tan seguido. Muy a menudo dolía pensar en él y en lo que pudo haber sido de no haberme ido a Italia. Pero las decisiones se había tomado y las cosas pasaron de ese modo, no podía hacer nada para arreglarlo.
- Ya. Parece que alguien aún está enamorada –comentó Neil sonriente. Se la devolví.- Sea como sea, seguro que estás mejor sin él.
Volví a sonreír y no respondí. ¿De verdad estaba mejor sin él? Bueno, había logrado llevarlo bien sin tenerlo a mi lado. Contaba, ¿o no?.
- Ya basta de hablar sobre mí, hablemos de ti.- sugerí mostrando interés en la historia de su vida, sea cual sea.
Él ladeó la cabeza y frunció los labios con gesto de aburrido.
- ¿Qué quieres saber?
- ¿Cuándo empezaste a interesarte por la fotografía? –le pregunté tomando su cámara y visualizando a una pareja que se encontraba en una mesa adjunta a la nuestra.
Neil sonrió de oreja a oreja, parecía que había tocado el tema exacto para mantener una conversación que sólo girara en torno a él. Y eso me alegraba.
- Mi hermana –dijo orgullosamente- Ella me postuló para el anuario, así que tuve que fotografiar a todo el mundo allí. Se me dio muy bien, la verdad.
Neil tendría sus veinticuatro años, no más. Lo que quería decir que llevaba fotografiando mucho menos tiempo que yo, que lo hacía desde los nueve. Bastante precoz. El hilo de mis recuerdos, que me habían llevado hasta la primera vez que fotografié unos tulipanes, se vio interrumpido con la pregunta de Neil.
- ¿Qué sabes de esa tal Brooke Taylor, a quien vamos a entrevistar?
¿Cómo?¿Brooke?¡Pero si es mi mejor amiga!
- ¿Eso es lo que tenemos que hacer? –pregunté más entusiasmada, aunque se me quitó casi al instante ya que me sentía un poco culpable por haberla dejado a ella también.
- ¿El editor de Stile no te lo ha dicho? –se sorprendió de que no supiese nada hasta el momento.
- ¡Qué va! Él sólo se ocupó de arreglar mi agenda –bufé y el largó una carcajada.
- Entonces, ¿la conoces?
¿Que si la conocía? ¡Claro que la conocía! Habíamos sido amigas desde el útero y habíamos prometido ser siempre mejores amigas. Parecía tan lejana esa promesa ahora. Sin embargo…
- Si, y creo que ahora mismo destaca bastante en el mundo de la moda –lo sabía por que había seguido su carrera muy de cerca. No los contactaba, pero por lo menos me informaba un poco, aunque fuese muy de lejos.
Neil no parecía muy contento, aparentemente le molestaban en serio las personas con dinero. Pero que tengan dinero no quiere decir no sean buenas personas, ¿verdad? Lo cierto es que en ese momento me estaba muriendo de ganas por salir al encuentro de Brooke. Le había echado mucho de menos. ¿Cómo reaccionaría al verme?


Continuará...

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